Armando Sobrino

Armando Sobrino

Creador de iatelier

¡Hola! En la conversación sobre IA generativa hay una enorme diversidad de visiones —muchas de ellas radicalmente opuestas— y para explicar cuál es la mía, creo que lo mejor es contar cuál es su origen.

Comencé a hacer activismo para ampliar los métodos de participación política en México por allá de 2010. Colaboraba en colectivos que buscaban —y lograron— la creación de las candidaturas independientes, consulta popular, referéndum y presupuestos participativos. Poco después, con la primavera árabe, el 15-M español y el movimiento #YoSoy132 como referencias, un grupo de amistades fundamos un colectivo para experimentar cómo herramientas digitales y el internet podían ayudar a ampliar la organización social. Exploramos todo lo que hoy es ya un lugar común: foros, documentos colaborativos, redes sociales, plataformas de mensajería, sistemas de votación...

Además del activismo —y porque tenía que ganar dinero para comer— hice investigación aplicada en transparencia, participación ciudadana, política social y gobernanza tanto de forma independiente como desde distintos centros de investigación y gobierno.

Con los años, vino el agotamiento, las tensiones y cierta desilusión con cómo el internet y las redes sociales fueron transformadas y absorbidas por un par de gobiernos y multinacionales. Después de descansar un tiempo, pasé los últimos cinco años haciendo campañas contra la desigualdad extrema desde la sociedad civil.

Con la irrupción de ChatGPT en la agenda pública, mi interés en la tecnología y su potencial político se reanimó. La inteligencia artificial me ha interesado desde la universidad —estudié ciencia política y algo de economía— pero no como herramienta de productividad. Me interesan las preguntas que abre sobre la conciencia, la toma de decisiones y lo que implica socialmente. Por ello, hace un año decidí dedicarme a explorarla con profundidad.

En esa exploración me encontré con el trabajo de Douglas Engelbart, que en los años sesenta planteó algo que sigue siendo radical y verdadero: la tecnología no debería reemplazar las capacidades humanas sino aumentarlas. A partir de sus ideas, los avances en UX y ciencias de la conducta, y mi estudio de las plataformas actuales, desarrollé MAIA: un marco práctico para entender la IA generativa y usarla con conciencia de lo que puede hacer, lo que no puede y, sobre todo, de lo que no debería.

Sigo creyendo que la tecnología puede expandir la agencia humana. Pero eso solo pasará si más personas la comprenden y si esa comprensión contribuye a lo que considero la misión más urgente de los próximos años: asegurar que la inteligencia artificial sirva para crear un mundo más equitativo, no uno aún más desigual. iatelier es mi pequeña contribución a esa misión.